domingo, 24 de septiembre de 2017

¿Conoces a Dom Pérignon?

 
 
     Dom Pierre Perignon nació en la región Santo-Menehould, Francia, en 1638. A él se le atribuye la existencia que los espumosos tan famosos de la actualidad y a que se use el corcho para tapar las botellas. Dom Pierre tenía graves problemas de la vista, lo que hizo que se agudizaran sus otros sentidos.
 
     Al tener 29 años fue trasladado de un convento de monjes a la abadía de Hautvilliers, en Champagne, donde se encargaba de cuidar los sótanos de la bodega. Un día de 1670 alcanzó escuchar que una de las botellas explotó. Con su curiosidad, fue al lugar de los hechos y, mientras se encontraba en cuatro patas y palpaba el suelo, logró probar el líquido de éstas botellas, que en un principio encontró raro. Motivado por su sed de conocimiento e investigación, se dispuso a abrir y probar de las demás botellas exclamando a la vez, según la leyenda: “¡Estoy bebiendo estrellas!”
 
     Por supuesto, esas estrellas no eran otra cosas que las burbujas de aire que se habían formado debido a la fermentación de los azúcares y levaduras que se reactivaron aquél día. Él sabía que las botellas de esa cosecha no eran del todo resistentes y empezó a preguntarse qué pasaría si lo fueran y si las burbujas permanecerían por más tiempo de usar botellas adecuadas.
 
     Dom Perignon no perdió el tiempo y se dispuso a hacer botellas más resistentes. Para esto, el monje encontró un grave problema: la tapa. Las que se empleaban antes eran hechas con cera, pero él sabía que no serían lo suficientemente buenas para lograr un buen resultado y, así, recordando alguna vez haber visto tapaderas de corchos usados en cantimploras de viajeros, decidió optar por ese camino, añadiendo la peculiar corona de alambres que hasta hoy en día podemos ver.
 
     Fue tal su investigación para crear la “bebida de las estrellas” que también se encargó de seleccionar las cepas específicas para elaborar su producto y tener un resultado de muy buena calidad, que, hasta la fecha, se sigue reproduciendo estándares estrictos, tanto en técnica como en tradición. Dom Pierre Perignon es, por esto, una de las personas más influyentes, importantes y recordadas en el vasto mundo del vino.

Fuente: blog.uvinum.es



viernes, 22 de septiembre de 2017

Frutas, bayas y un poco de vino podrían ayudar a perder esos kilos cogidos en verano

Eso indica el estudio publicado en la revista British Medical Journal

 
 

     Los científicos que realizaron este estudio han demostrado que las dietas que incluyen vino pueden mejorar la salud cardiovascular. Lo han realizado a gran escala con la denominación de Health Professionals Follow-Up Study, Nurses’ Health Study and the Nurses’ Health Study 2. En el han intervenido 124.000 hombres y mujeres.

     Se observa una relación entre mantener y reducir peso y los compuestos polifenólicos encontrados en el vino, algunas frutas y verduras. El análisis fue llevado a cabo por investigadores de la Escuela TH Chan de Harvard de Salud Pública. Estudió los patrones de alimentación de los participantes para determinar si los alimentos ricos en flavonoides tenían efecto sobre el manejo del peso corporal. 
     Estos son compuestos naturales que se encuentran en frutas y verduras específicas. Entre ellas las uvas, arándanos, manzanas, peras y ciruelas pasas.

     Se comprobó es la pérdida de peso que se había producido gracias a algunos flavonoides. En concreto el flavan-3-ol, que se encuentra en altas concentraciones en el té verde. Este megaestudio se centró en varias subclases de flavonoides. Encontró que la mayoría tenía un efecto positivo en la salud a largo plazo de los participantes.

     El estudio de Harvard centra en siete subclases específicas de flavonoides. El vino, especialmente el vino tinto, es rico en flavonoides en la dieta. Los principales flavonoides consumidos por los participantes fueron las antocianinas, que se derivan de los arándanos y las fresas, flavan-3-oles, adquiridas de la cerveza, el té y las manzanas, las naranjas y flavonas de, las cebollas, el té, la cerveza y el vino.

Fuente: www.recetum.com


miércoles, 20 de septiembre de 2017

Fiesta, piedras y copas

El enfoque de Darío Le Bihan


   Si dudas quedan acerca de la plasticidad que ofrece la vid como planta a la hora de adaptarse a distintos suelos y climas, basta con ver y analizar algunos de los más variados que se presentan en la Argentina como los de la zona del Departamento Maipú en Mendoza.

      La glaciación que tomó parte en el Período Cuaternario ha dejado lechos de un rio prehistórico, producto de los deshielos. Es una zona de suelos muy pedregosos, compuestos por piedras erosionadas por el agua.
    
     En éste lecho se plantaron las vides de la Bodega Don Manuel Villafañe luego de la compra de ésta tierra en año 1998.
     
     Los sarmientos nacen de éstas piedras roladas por las inclemencias del clima y el paso del tiempo. Y debido al lugar donde se gesta ésta vida es un viñedo de muy baja producción, oscilando entre 5000 a 7500 kgs por hectárea. Y es por ello que la bodega se enfoca en la elaboración de uvas alta calidad.

     La bodega está precedida con una vasta historia que data del año 1611 cuando Don Manuel Villafañe llegó a Argentina desde España como soldado para luchar contra los piratas ingleses que atacaron a los barcos españoles. Más tarde se estableció en América del Sur como un agricultor, y se convirtió en un pionero de la vitivinicultura en Argentina por ser uno de los primeros en plantar vides en esa tierra.



     Hoy cuenta con 80 has de viñedos alrededor de la bodega, destacando variedades como Malbec, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Merlot, Petit Verdot y Chardonnay, que maneja un descendiente de Don Manuel, Tomás Machado Villafañe.

     La línea Cahuín es de muy reciente salida al mercado y ya ha cosechado premios a su paso. El nombre Cahuín es una palabra mapuche que significa enredo o alborote. Cahuín era una reunión de los caciques, en tiempos de guerra y paz, respectivamente,  donde se comentaba la situación del momento. Ya en tiempos de la conquista, al conocer los mapuches el alcohol se tomaba mucho en los cahuines, provocando que los comentarios o conversaciones fueran raras o disparatadas. De ahí viene el término cahuín como fiesta o reunión en la derivación vocablo en el idioma Huarpe de los aborígenes que habitaban la región de cuyo.
    
     Cahuín Reserva 2013 Cabernet Franc  es un vino de complejo aroma donde el recuerdo de guindas y moras marcan el ritmo de su degustación y las especias otorgan el marco a un cuerpo intenso de gran final prolongado. Rojo carmesí que alberga la mesura del alcohol y la acidez dando paso a taninos redondos que logran un vino equilibrado, elegante y armónico.

     Fiesta de cahuines que desde tiempos inmemorables dan continuidad a la noble labor que realizan las vides entre pedregullos que trocaron el agua que los salpicaba por el vino que vierten las uvas en nuestras copas.

Por Darío Le Bihan
     Sommelier

¿Qué es el lloro de la vid?



     En pleno invierno, la vid tiene casi todas sus funciones en suspenso o amortiguadas: no tiene hojas ni otras partes verdes, y no existen flores y frutos. La vid se encuentra en parada invernal. Es en este momento cuando realizamos la poda de la vid (poda de invierno).

     La poda tiene principalmente dos objetivos. Por un lado, conseguir equilibrar la producción futura de uva y por otro, adaptar y preparar la planta para su cultivo (en su estado natural, la vid es un liana trepadora cuyas ramas, llamadas sarmientos, pueden alcanzar 30 metros de longitud). La poda limitará así el desarrollo de la planta y ayudará a controlar la calidad y cantidad de la uva.


El lloro


     Hacia el mes de Septiembre, cuando la temperatura media pasa de los 9-10ºC, y el suelo empieza a calentarse, unas hormonas contenidas en las raíces empiezan a activar el metabolismo de la planta. La cepa sale de su letargo y marca el inicio de la añada.

     Se inicia el flujo de savia desde las raíces hasta las partes aéreas de la planta. Y es cuando empieza a observarse en todos los cortes de la poda y heridas del tronco y de los brazos, unas gotas transparentes e incoloras que se asemejan a lágrimas, es lo que llamamos lloro de la vid.



     La cantidad de lloro que fluye de una cepa es variable. Depende básicamente de la época en la que se ha realizado la poda, del grosor de los cortes de poda, del vigor de la planta y de los factores climáticos.

    Estos lloros cesan al recubrirse los cortes y heridas con unas sustancias gomosas producidas por bacterias que viven sobre el derrame, y sales disueltas en el lloro evaporado, obturando los vasos leñosos.

     Terminado el período en el que lloran las cepas, cuando la temperatura diurna va en aumento y sin excesivos fríos nocturnos, la planta empezará a crecer gracias a las reservas acumuladas en las raíces y en el tronco. Las yemas comenzarán a hincharse y a desarrollarse para pronto brotar. De estas pequeñas yemas brotarán los nuevos sarmientos, hojas y frutos.


Fuente: thebigwinetheory.com

lunes, 18 de septiembre de 2017

Carmelo Patti: “Nadie encuentra la vainilla ni el chocolate en el vino”

Entrevista a Carmelo Patti en su bodega de Luján De Cuyo, Mendoza. Productor que suma muchísimo a la industria del vino argentino.

 
     Uno de los pequeños productores más interesantes del país, en sus inicios, tuvo que vender su Renault 12 para comenzar a hacer su propio vino. Corrían los 80 y Carmelo Patti comenzaba a edificar un concepto que hoy lo llena de gratificación y lo ha puesto en lo más alto de la historia del vino en nuestro país.
 
     Siempre con una sonrisa en su bodega de Luján De Cuyo, Mendoza, nacido en Italia y barco mediante de muy pequeño se asentó en Argentina. No conoce otra forma de transcurrir los días que laburando.
 
     Lo lleva en la sangre, el trabajo y el sacrificio. Los turistas entran y salen y Carmelo los atiende, mientras suena el teléfono fijo, pide disculpas y saluda a la persona que esta del otro lado. Cuelga y sigue la charla desde el mismísimo punto donde la dejo. Un mar de anécdotas y una historia bellísima.
 
 
     - ¿Cuándo nació el proyecto y de qué forma?
 
     - La idea es de 1986. Yo venía maquinando en mi cabeza de hacer algo diferente. Mi primer vino fue en 1989 hecho en Bodega Viña de Pérez Cuesta, un cabernet 89. Compré uvas a un contratista de la zona; había vendido mi Renault 12, no tenía ni cinco centavos y no quería seguir trabajando así.
 
     Me había dado mucha pena que la bodega se venda para hacer un shopping y así tirar todas las cosas lindas que habíamos hecho. Fue tanta la honestidad que le puse a los 15 años de trabajo en esa bodega que seis meses después de la venta me llamó el dueño y me pregunto si todavía estaba a pata, le dije que sí, que no tenía problema por andar en colectivo para todos lados y me ofreció que elija un auto cero kilometro. -¿Le parece?- dije. Y así fue como me regaló un Peugeot 504. Seguí haciendo cosecha en bodega Lagarde, en Robino. Una vez un periodista alemán organizó en la peatonal una feria con 16 bodegas, lleve un cabernet 1994 hecho en Lagarde. El periodista hizo una cata y una devolución de cada vino a cada productor. Me felicito y me fui. Un par de días más tarde me hace llamar desde el hotel donde estaba alojado y me pide que quiere probar las otras cosechas mías para ver la continuidad. Lo pasé a buscar y lo lleve a Robino, me daba vergüenza tener que mostrarle mis vinos en una bodega que no era mía, aunque ellos fueron muy respetuosos siempre.
 
 
     - ¿Cuantos litros elaboran anualmente?
 
     - Mas o menos entre 50 y 55 mil botellas al año.
 
 
 
 
     - ¿De qué regiones son las uvas de sus vinos y que características tienen?
 
     - Las uvas son de Pedriel, terreno franco arenoso terroso, no son los calcáreos de las cenizas, yo saco todo de ahí, como alternativa al malbec y al cabernet sauvignon sumé petit verdot y cabernet franc. Los viñedos de ahí son de 1991.El franc está plantado hace siete años. No creo en el potencial de los viñedos viejos. Una vez que terminó el crecimiento ya está. La mayoría de Valle De Uco no son viñedos antiguos.
 
 
     - ¿Cuál es el varietal estandarte de su bodega?
 
     - Todo el mundo a mi me tiene por el cabernet, pero vaya sorpresa el malbec.
 
 
     - ¿Qué opina de la impronta actual de los pequeños productores?
 
     - Hoy lo estoy notando, se nota en muchas cosas. Felicito a los enólogos, todos tenemos oportunidades. Simplemente como experiencia usted respete al consumidor en su nicho. Acá pasó que los primeros vinos los hicieron bien pero no lograron continuidad porque después vieron el negocio, levantaron el tubo, compraron diez mil litros los fraccionaron y eso es lo que le pasó a mucha gente. Hago el vino, lo tengo que sacar, lo defiendo. Hay un proyecto de trabajo, si eso se respeta, creo que es un nicho increíble.
 
 
 

     - ¿Cuáles son las falencias de la coyuntura a la hora de producir vinos?
 
     - Los costos operativos son muy altos, muchos impuestos. El que no tiene una mínima rentabilidad de algún producto, hoy le fue muy mal porque no alcanza a sacarlo. También hay que cuidar. Hay que encontrar un equilibrio entre vino y calidad, que la gente lo pague por la calidad, eso a uno le permite estar trabajando en movimiento.

   
     - ¿Hacia dónde va la vitivinicultura en general?
 
     - No va a estar fácil en el mundo. Al principio los vinos, el aroma, que esto, que aquello. Los consumidores no encuentran ni la vainilla, ni el chocolate. Ninguno. “¿Será vino esto?” se preguntan.
 
Los periodistas muchas veces confunden. Hágame caso, tome el vino que le guste. En buena hora se viene mejorando. Menos alcohólicos. Se está yendo a un producto más bebible, con menos madera, bueno, a disfrutarlo. Hagan vinos bebibles y todo será más fácil. La gente no guarda demasiado el vino. Los vinos de guarda en Argentina y en el mundo no se guardan. Son crianzas. ¿Quién tiene la culpa? Le están dando algo que no está terminado a alguien que no sabe guardar. Cuando ese consumidor aprenda se va a corregir un poco el camino. Creo que debemos guardarlos quienes lo hacemos y luego sacarlo al mercado.



 
     - ¿Lo qué el mercado pide o defender la idea desde un principio?
 
     - Uno tiene que hacer un perfil de vinos, yo no corro al mercado, si corro al mercado tengo que hacer otro tipo de negocios, otro tipo elaboración como por ejemplo hacer un vino joven de vender. Cuando usted tiene una forma, un pensamiento tiene que seguirlo, hay que defender la idea. Hay que mantener los ideales. Tremendo error si yo cambiara eso.

 
     - ¿Qué siente que le está aportando a la producción de vinos desde su lugar?
 
     - Mucho. Mi granito de arena creo que ayuda y ayudó junto a muchos otros tantos vinos a demostrar que Argentina tiene grandes productos.
 
 
     - ¿Puede describir en líneas generales los vinos de su producción?
 
     - Bueno, creo que logré equilibrar, buena uva, buena elaboración, buen control permanente. Maloláctica que es importante para estos vinos y se hace natural aquí. Bajo contenido sulfuroso y el paso por madera. He decidido un porcentaje para que no tenga tanta madera y no me tape la fruta. Lo guardé dos años en botella el Malbec y 5 años el cabernet, lo cual es arriesgado porque es todo un capital quieto con la primeras botellas. Uno cuando evalúa se va dando cuenta que el producto es diferente. El perfil que uno le busca es que el vino sea sabroso a la hora de tomarlo. La explicación la da el mismo consumidor que se deje tomar, así de sencillo es el vino nuestro.
 

 


sábado, 16 de septiembre de 2017

Catar vinos estimula tu cerebro mucho más que las matemáticas

Catar vinos es como hacer gimnasia para nuestro cerebro

 
 
     Hay una cantidad de procesos cerebrales; sensoriales y motrices involucrados en el hecho de catar vinos. Desde la primera vista que le damos a la botella hasta saborear el vino en la boca y luego tragarlo. De esto se trata un estudio dirigido por el Dr. Gordon Sheperd, neurocientífico de la Universidad de Yale. “Todos estos procesos juntos involucran más actividad cerebral que escuchar música o resolver un complicado problema de matemáticas.” Es parte de lo que afirma el Dr. Sheperd en su libro “Neuroenología: Cómo el cerebro crea la cata de vino”.
 
     El libro del Dr. Sheperd explora todos los procesos neurológicos complejos involucrados en el proceso de catar vinos. Desde la etapa visual de observar el vino en la botella, luego en la copa hasta la interacción del líquido con nuestra saliva en la boca. Incluyendo los movimientos de la mandíbula, lengua, diafragma y garganta. Las moléculas en el vino estimulan miles de receptores olfativos y gustativos. “Al enviar una señal de sabor al cerebro, se desencadena una respuesta cognitiva masiva que implica reconocimiento de patrones, memoria, juicio de valor, emoción y placer”, explica el Dr. Shepperd.
 
 
     Resolver un problema de matemáticas requiere un monto limitado de actividad cerebral. En cambio evaluar un vino compromete múltiples sistemas sensoriales incluyendo vista, olfato y gusto.
Estas conclusiones vienen luego de otro estudio similar, reportado en el diario “Las Fronteras de la Neurociencia humana” en Septiembre del año pasado. En donde se aseguraba que los Masters Sommeliers tenían cerebros físicamente más gruesos debido a la agilidad mental que desarrollaban a lo largo de sus carreras. Para ponerlo en palabras simples, el estudio concluyó que la práctica diaria de catar vinos es una especie de gimnasio cerebral.
 
Fuente: thebigwinetheory.com


jueves, 14 de septiembre de 2017

Estudian reutilizar desechos industriales del vino para producir enzimas de alto valor agregado

Orujos

 
     Científicos de Conicet-Rosario estudian la reutilización del orujo, principal desecho de la producción del vino, para extraer una enzima de alto valor agregado y disminuir la cantidad de residuos que se liberan al ambiente.
 
     El estudio lo realiza un equipo del Instituto de Procesos Biotecnológicos y Químicos (Iprobyc-Conicet- Universidad Nacional de Rosario), que dirigen los investigadores Diana Romanini y Carlos Boschetti.
 
     Desde hace un año y medio, los científicos rosarinos trabajan en la reutilización de los desechos que origina la industria vitivinícola, en particular el orujo de uva, comentó Romanini a Télam.
 
 
 
     Romanini explicó que "es un desecho a partir del cual se puede producir enzimas de alto valor agregado y puede servir de materia prima para obtener una gran concentración de antioxidantes" y que el proyecto tiene una parte ecológica, que es "reutilizar el orujo, y así evitar que se acumule y contamine el medio ambiente".
 
     El proyecto fue seleccionado para recibir financiamiento de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica.
 
     La investigadora dijo que el vino tinto "es una de las bebidas más ricas en polifenoles, compuestos biológicos que poseen muchos beneficios para la salud" por sus "propiedades antioxidantes".
 
     "El residuo que queda después de la fermentación del vino, llamado orujo de uva -semilla, tallos y pieles de la fruta-, también contiene altos niveles de polifenoles, que podrían ser de gran utilidad para las industrias farmacéutica, cosmética o alimentaria", amplió.
 
 
 
     Ese problema es precisamente un nicho que al grupo de investigadores de Rosario le interesó explorar. "Un desecho industrial es considerado algo sin valor, hasta que alguien encuentra alguna manera de cambiar eso", afirmó el científico.
 
     El orujo de uva, "por las propiedades antioxidantes que tiene, puede ser una materia prima de alto valor agregado", por lo que se proponen darle "un uso que permita generar alimentos funcionales" destacó.
 
     "Nos interesa rescatar el valor de los antioxidantes, que de forma similar a la vitamina E, se oxidan en sí mismos para evitar que se oxiden las células de nuestro cuerpo", explicó Cabezudo.
 
     Y continuó: "la búsqueda de antioxidantes es el valor de estas moléculas y es sabido que el vino posee ese efecto terapéutico. Y en el orujo se concentra mucho más de aquel que termina en el vino".
 
 
 
     En tanto, la becaria posdoctoral del Conicet María Rocío Meini, que también integra el grupo de estudio, dijo que a partir del orujo se dedicó a la producción de la enzima tanasa, mediante el cultivo de hongos.
 
     "Esta enzima degrada compuestos polifenólicos que se llaman taninos, que son los que le dan la astringencia al vino, otorgan turbidez a jugos, cerveza y té", dijo e indicó que "también ayuda a que el producto final que se obtenga posea moléculas más pequeñas y con mayor poder antioxidante".
 
     "Poder producir esta enzima a nivel local es una manera de bajar costos de producción, porque su precio es muy elevado a nivel mundial y actualmente la comercializan muy pocas empresas en el mundo", finalizó la científica.